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miércoles, 30 de abril de 2008

¡SOÑANDO (CONSTRUYENDO) EL MAÑANA!


¡4 de Mayo del 2011! ¡Todavía con la resaca del puente del 1 de mayo! La verdad es que siempre he tenido predilección por este puente festivo-reivindicativo.

En esta ocasión he estado pasando unos días descansando en el balneario de Caldes de Boí y haciendo monte. Un lugar lleno de belleza y de paz. Relajante y emocionante a la vez. Han sido tres días que me han sabido como tres meses. ¡Cosas del tiempo vivido intensamente!

No sé por qué tipo de conexión, pero el pasado sábado después de un baño termal y mientras me tomaba un cubata contemplando las estrellas estuve rememorando estos tres últimos años tan cargados de cambios en lo personal y lo profesional.

Años de desafíos, de miedos, de incertidumbre, de colaboración, de desengaños, de logros, de sentirnos constructores de nuestro propio mundo, de apertura a lo desconocido, de soñar, de reír, de llorar… en definitiva de VIVIR.

Todo se desencadenó hace más o menos tres años, aunque la inquietud venía aún de más lejos.

En aquella época se hacían proclamas para convertir Euskal Herria en el referente europeo de la innovación. Todas las instituciones arengaban a las empresas para afrontar el reto de la innovación so pena de perecer ahogadas por las economías de los países emergentes. So pena de que el efecto de la globalización destruyese los niveles de bienestar conseguidos de la mano de tantos años de bonanza económica.

Los discursos oficiales eran bastante coincidentes pero un grupo de personas notábamos que algo faltaba. Sin desdeñar esfuerzos bien intencionados las más de las veces las propuestas de cambio más bien parecían más de lo mismo. ¡Cambios para no cambiar nada (esencial)!.

Así que, impelidos por una energía interior que nos empujaba, no sabíamos a dónde, empezamos a apartarnos del discurso oficial y a explorar otros caminos que condujesen (de verdad) a nuevos territorios donde las palabras cobrasen su significado real. Donde los proyectos de cambio llegasen al corazón de las organizaciones. Donde las personas ocupásemos el papel protagonista que nos corresponde y que se nos había usurpado por tanto discurso que lo único que pretendía era defender el status quo.

Ser de Bilbao, es lo que tiene, que te permite enfrentarte a cualquier situación con la sensación de que la batalla se puede ganar, si empujamos lo suficiente.

Pero no ser del centro de Bilbao también marca. Este reto no podíamos afrontarlo solos. Teníamos que buscar aliados, cómplices, gente igual de entusiasta, con ganas de cambiar la historia para que la HISTORIA se escribiera con mayúsculas.

Tras una cena en un txoko y tras trasegar varias botellas de buen vino y mejor patxaran, nos conjuramos unos cuantos iluminados para construir algo que mereciera la pena, algo que nos llenase de VIDA a nosotros y a las organizaciones en las que iban a trabajar nuestros hijos, nuestros amigos y nuestros desconocidos.
Así que lo primero que hicimos fue acumular fuerzas. Reclutar voluntarios para esta causa pérdida que nos empeñamos en ganar.

Acudimos a las agendas de contactos, a buscar complicidades entre las personas que formaban parte de diversos foros nacidos para compartir y para transformar. Buscamos gente afín mediante convocatorias abiertas a través de diversos blogs. Identificamos experiencias en las que las personas (realmente) eran lo primero y sus deseos eran la energía que movía el mundo.

No podíamos hacerlo de forma institucional. Tenía que ser algo abierto, plural, sin propietario. Tenía que ser algo que enganchase con la pasión, con el deseo.
Y así nos tiramos casi un año. Sembrando adhesiones. Acumulando fuerzas. Generando complicidades. Creando comunidad. No había un plan previsto. Solo emoción por compartir.

Y de repente más de 500 personas estábamos empeñados en alcanzar el Everest por una vía no comercial. Queríamos que la escalada fuese un acto colectivo de escalar convirtiéndonos nosotros mismos en montaña. Disfrutando de cada paso, de cada dificultad, de cada metro que la montaña nos permitía ganar. Nadie pensaba en la cumbre. Solo en disfrutar de cada paso sabiendo que en cada paso se encuentra la cumbre cuando se mira con los ojos del corazón.

Pero éramos un colectivo contagioso, peligroso. Por lo que muchas voces nos tachaban de visionarios, de locos, de revolucionarios de pacotilla. Hubo momentos amargos en los que unas 150 personas se dieron de baja de semejante proyecto por utópico y por infantil decían.

Fueron momentos de duda, de crisis, de incertidumbre. Pero de repente algo sucedió aunque nadie puede decir a ciencia cierta qué fue. El caso es que en los momentos de dificultad suelen aparecer fuerzas que ni sabemos que tenemos. Fuerzas que nos muestran que aunque hayamos tenido que descender veinte veces al campamento base si seguimos sintiendo nuestro sueño la montaña, aunque se llame Everest, siempre nos espera risueña con los brazos abiertos.

Y así empezaron a surgir proyectos que en la práctica llevaban el germen de lo genuino. Empezaron a producirse colaboraciones imposibles, empezaron a derribarse muros, algunos empujando con fuerza otros aprovechando el vendaval del cambio que estaba emergiendo. ¿Fue un milagro, casualidad, lucha, suerte, oportunidad…? ¿una mezcla de todo ello? No sabría explicarlo, simplemente, fue.

Esas experiencias tenían un efecto de contagio. Algunos de los (seudo)argumentos que se empleaban para denostar estas prácticas se mostraban débiles cortapisas para frenar los vientos de cambio.

Hubo también decepciones. Lobos con piel de cordero. Pero, sobre todo, las personas que entraban en contacto con estas nuevas realidades empezaron a sentir que aquella guerra iba también con ellos y así las adhesiones siguieron multiplicándose.

Seguimos sin haber alcanzado la cima del Everest. No sé si alguna vez la alcanzaremos, pero ¿realmente importa?

Queda mucho camino por recorrer o tal vez poco. ¡Qué más da! La cuestión es que este proyecto aglutina a personas diferentes unidas por su deseo por construir un mundo en el que las personas seamos (de verdad) la medida de las cosas.

Es momento de seguir luchando por nuestros sueños, de compartir generosamente, de disfrutar de cada logro y de descansar cuando las fuerzas flaquean.

Menos mal que siempre tenemos a mano a nuestra gente querida, a nuestros amigos, a nuestros enemigos y, por supuesto, a nuestro incombustible Athletic ahora con campo nuevo y gabarra recién pintada.

Amen!

PD: Quiero dedicarle esta historia a todas las personas que luchan por alcanzar sus sueños y especialmente a Luis, Txaro y Andoni, gente de bien.

miércoles, 9 de abril de 2008

¡Si no lo creo, no lo veo!

¡Prometía ser un día diferente!

Miren e Iñaki iban a asistir a una reunión con otras empresas que bajo el título “Estrategia e Innovación” organizaba un prestigioso programa del entorno.

Era además una oportunidad de dejar el atribulado día a día, alejarse de la oficina, encontrarse con otros colegas con inquietudes similares y escuchar otros planteamientos.

Miren estaba cercana a la jubilación. Durante casi 30 años había estado gestionando la empresa familiar. Todo lo que sabía lo había aprendido de su padre que fue quien puso en marcha el negocio y de las miles de experiencias que le habían forjado un carácter tolerante, conciliador y dialogante. Entre la plantilla tenía fama de buena escuchadora y de imaginativa. Una reciente enfermedad le estaba mermando sus fuerzas y hacía que el relevo generacional fuese una situación que se antojaba inminente.

Iñaki, su sobrino, era joven , lleno de vitalidad, ambicioso. Se había formado en la mejor “business school” del entorno y parecía llamado a llevar a la empresa a dar un salto cualitativo y cuantitativo para poner la empresa entre las mejores de Europa en su sector. Suplía su falta de habilidades para la comunicación con una potente formación académica y una capacidad de trabajo a prueba de bombas.

Cuando se inicio la sesión el gesto de Miren parecía cansino, ¡es producto de la enfermedad! pensó para sí Iñaki.

Cuando Mikel, el ponente de la charla, inició su presentación enseguida se fijo en la desigual pareja que formaban Miren e Iñaki.

Antes de empezar propiamente la sesión preguntó con qué expectativas había venido cada participante al taller formativo.

Iñaki enseguida contestó que sobre todo quería aprender nuevos conceptos, nuevas teorías, metodologías concretas para abordar el proceso de innovación de la manera más eficaz posible. El brillo en los ojos de Iñaki transmitía pasión por aprender.

Miren por su parte, en un tono más pausado, comentó que quería escuchar otros puntos de vista para enriquecerse y que estaba fundamentalmente abierta a aprender.

Hecha la ronda completa de presentaciones Mikel inició su exposición.

Empezó por reconocer que el enfoque de la cuestión que iba a hacer partía de sus creencias y que no era ningún dogma. Y así planteó que en su criterio el carácter de la estrategia es fundamentalmente emocional, al punto que en su opinión una estrategia es potente cuando se desarrolla desde el querer. Definió la estrategia como la combinación de muchos quieros para conseguir un quiero convergente común.

Apeló a la fuerza del deseo para establecer el objetivo común de cualquier organización, porque de esa manera se puede movilizar suficiente energía para alcanzar los retos, para llenar de vida el proyecto empresarial.

Insistió también en buscar el objetivo dentro de la propia organización porque fuera no es posible encontrarlo.

Criticó las estrategias basadas en el miedo y en el control como inadecuadas para navegar por los mares de incertidumbre en los que nos movemos habitualmente.

A medida que desgranaba sus propuestas Miren sentía una emoción que le llenaba de satisfacción. Escucharle a Mikel le parecía una suerte de bálsamo relajante. Se sentía tan identificada con aquellos planteamientos que el brillo de su mirada alumbraba toda la sala.

Iñaki por su parte se revolvía inquieto en su asiento. Por una parte le parecía que tenían calado aquellas propuestas pero ¡eran tan teóricas! ¡Se olvidaba el ponente con demasiada facilidad de las dificultades que surgían por doquier en la gobernanza de cualquier negocio! Iñaki achacaba a la condición de consultor del ponente la subestimación de lo que realmente ocurre en las empresas donde las personas quieren trabajar lo menos posible para ganar lo más, donde se elude la responsabilidad continuamente, donde no se puede delegar la toma de las decisiones estratégicas a quienes no viven como propia la empresa… El rostro contraído de Iñaki no le pasó inadvertido a Miren que le dirigió una sonrisa comprensiva.

Tras finalizar la reunión y mientras volvían en el coche Miren le preguntó a Iñaki que tal se había sentido.

Éste confesó que sentía que había perdido la mañana pues no había aprendido nada práctico para aplicar en la empresa.

Miren sonrió pero no dijo nada.

Al cabo de un rato de silencio, Iñaki le preguntó a su vez a Miren cual era su opinión sobre la reunión.

Miren le confesó que para ella había sido una sesión rejuvenecedora.

- ¿Y eso? preguntó Iñaki.

- ¿No has sentido que hemos estado hablando todo el rato de convertir la empresa en un espacio de vida, de sentir, de emocionarse, de dar a las personas el protagonismo que les corresponde, de creer de verdad en ellas? le contestó Miren

- ¿Pero no ves tía que todo eso no es real, son paparruchas, es pura fantasía, es ilusión, es palabrería? Lo que vale es conseguir resultados, ser rentable, competitivo, ganar en productividad, tener controlados los procesos, adelantarse a la competencia, crecer, tener buenos indicadores para saber reaccionar a tiempo… le respondió Iñaki acaloradamente

El silencio de Miren le irritó a Iñaki que interpretó el silencio como desdén.

La mirada de sufrimiento de Iñaki hizo que por fin Miren empezará a hablar

- Iñaki, en mi opinión es justo al revés. Son los libros habituales de management lo que son paparruchas. Son las teorías de demasiados gurús las que se alejan de la realidad. Si la empresa se convierte en un espacio de encuentro entre personas, de aprendizaje permanente, si las emociones tienen cabida en la toma de decisiones es cuando la realidad se transforma, es cuando lo que hoy te ha parecido ilusorio se convierte en real. Te voy a confesar un secreto. Hoy a medida que escuchaba la charla sentía una sensación de plenitud al oír como alguien estaba poniendo en palabras muchos de los sentimientos que he vivido durante estos últimos años. Pero Iñaki, no lo vas a ver si antes no te lo crees. Si no te abres, si no lo sientes nunca lo vas a entender.

Iñaki se quedó mudo, boquiabierto, pensativo. Miren le volvió a sonreír cariñosamente

Al de un rato Iñaki musitó:

- ¡Si no lo creo, no lo veo!

PD: Le dedicó este cuento a Alfonso que es un primo lejano de Mikel el charlatán de la historia y a Almudena que recientemente me regaló otro cuento.